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CULTURA

7 de octubre de 2026

"No podría haber escrito este libro si mi padre viviera": Michael Douglas ajusta cuentas con el pasado a través de sus memorias

En un relato de 500 páginas, el actor recorre una infancia marcada por la violencia doméstica, la rivalidad con su padre Kirk Douglas, sus adicciones y el cáncer que enfrentó en 2010

"No podría haber escrito este libro si mi padre viviera": Michael Douglas ajusta cuentas con el pasado a través de sus memorias

Fuente: Netfan Servicios

Michael Douglas, el galardonado actor y productor, acaba de cumplir 82 años. Es un sobreviviente del cáncer, un exadicto, un hombre casado, padre e hijo de actores. También es escritor, y comienza sus memorias con un mensaje de agradecimiento a su familia —pasada, presente y futura— por la "sensación de inmortalidad".

Inmortalidad.

"Muchas veces le preguntaban a mi padre: 'Kirk, ¿sientes envidia de tu hijo?'", contó durante una entrevista reciente en un hotel de Manhattan, refiriéndose a su difunto padre, el también actor y, en ocasiones, combatiente Kirk Douglas. "Y él respondía: '¿Envidia? Esto es una sensación de inmortalidad, una continuidad de generaciones'".

La familia es la forma en que Douglas consolida su legado y su lugar en un mundo que teme que se esté desmoronando. Pero hay otras formas de perdurar más allá de la propia vida: protagonizar clásicos culturales como Atracción fatal o Bajos instintos, o escribir un libro de 500 páginas titulado One Helluva Ride [Menudo viaje], el viaje de un hombre famoso desde la rebelión y el paso a la madurez, pasando por el éxito en la mediana edad y las transgresiones, hasta el inevitable enfrentamiento con la mortalidad y los errores del pasado.

Sus memorias, que salieron a la venta esta semana en Estados Unidos, se centran en la realización de algunas de sus películas más destacadas, entre las que se incluyen Bajos instintos, Atracción fatal, Un día de furia, En busca de la esmeralda perdida y dos películas que le valieron dos Oscar: como productor de la ganadora del Oscar a la mejor película, Atrapado sin salida, y como protagonista de Wall Street, donde su interpretación del especulador bursátil Gordon Gekko le valió el premio al mejor actor y contribuyó a que "La codicia es buena" se convirtiera en un eslogan de finales de los años 80.

El propio Douglas fue en su día un símbolo del hedonismo hasta tal punto que se rumoreaba que estaba recibiendo tratamiento por adicción al sexo. Falso, afirma él, pero en sus memorias reconoce que, en la época en que conoció a Catherine Zeta-Jones, con quien se casó en 2000, salía con otras cinco mujeres. Todas vivían en ciudades diferentes, explicó, y "siempre que no salieras con otra persona en la misma ciudad que pudiera avergonzarla, no había ningún problema".

Ahora lleva una vida estable junto a Zeta-Jones y está lo suficientemente satisfecho con su carrera como para no sentir ya ese gran impulso por superarse a sí mismo; es igual de feliz dando un paseo por el jardín. Pero también ve el libro como una revelación de los momentos más dolorosos de su vida: su búsqueda, casi arquetípica, de forjarse una identidad al margen de la de su padre; una infancia marcada por la violencia y el divorcio que solo se resolvió en la última etapa de la vida de su padre; el propio divorcio de su primera esposa, Diandra Luker; las luchas contra la adicción y la de su hijo Cameron Douglas, que pasó siete años en prisión por delitos relacionados con las drogas; y el diagnóstico de cáncer de lengua en estadio IV en 2010, que al principio pensó que lo mataría.

Vestido con un saco oscuro, camisa azul y sin corbata, Michael Douglas es un conversador cálido y abierto. Durante la entrevista, habló de las enormes responsabilidades y los privilegios que conlleva ser hijo de Kirk Douglas, de su insólita decisión de convertirse también en actor y de la única frase de diálogo que, según él, se acerca más a la verdad sobre sí mismo.

—Por la forma en que describes a tu padre en este libro, da la sensación de que se trata de algo más grande que solo ustedes dos: el rey y el heredero que solo quiere estar a la altura de él.

—Para mí, mi padre era simplemente Superman. Era tan dinámico, tan fuerte. Tenía una tenacidad increíble. Lo vi en la pantalla interpretando a Espartaco, lo vi como Ulises... Nunca pensé que pudiera llegar a ser el hombre que era mi padre. No creía que estuviera escrito en mi destino. Me llevó mucho tiempo ganar confianza y, después, cometer muchos de los mismos errores que él cometió.

—Y aun así, quizá en contra de todo sentido común, decidiste hacerte actor.

—Nunca pensé en ser actor hasta que llegué a la universidad. No tenía especialidad. Y me llamaron a la oficina: "Tienes que elegir una especialidad. No puedes limitarte a cursar asignaturas de formación general". Por aquel entonces era un poco hippie. Y pensé: "Bueno, mi madre (Diana Douglas) es actriz, y la había visto actuar en obras de teatro. Y mi padre...". Así que pensé que sería una carrera fácil. Empecé entonces a actuar en la universidad. Tenía un miedo escénico terrible, terrible, ya sabes, hasta el punto de vomitar en las papeleras detrás del escenario.

—¿Qué te llevó a seguir adelante?

—Quería superar mi miedo escénico. Quería luchar contra esa sensación incómoda que tenía al estar delante de una cámara.

—En gran parte del libro, parece que estás en guerra contigo mismo.

—Creo que probablemente sea cierto. Creo que heredé la tenacidad de mi padre, su ambición y su ira. De joven tenía muy mal genio. Debía de haber en mí ese deseo de sentir que era alguien. Porque, mientras crecía, siempre fui el hijo de...

—Tu padre solía decir que las palabras más personales que había pronunciado jamás en la pantalla fueron en Los valientes andan solos, cuando dijo: "Soy un solitario hasta lo más profundo de mis entrañas". Menuda frase. Una pregunta con dos partes: ¿crees que eso era cierto en su caso? ¿Y hay alguna frase de alguna de tus películas que diga lo mismo de ti?

—Ellos (sus padres) tenían buenos amigos y todo eso, pero siempre había algo de aislamiento en él. Y me doy cuenta de que yo también tengo un poco de eso.

En cuanto a una frase sobre mí mismo, siempre me ha encantado la de Un día de furia, cuando él (un trabajador desempleado del sector de la defensa que se vuelve violento) dice: "¿Soy el malo?".

—¿Por qué te identificas con eso?

—En el libro soy bastante duro conmigo mismo y, ya sabes, sincero. Intenté hacer lo correcto, pero me he visto en situaciones en las que parece que yo soy el malo.

—Escribes sobre lo mucho que te arrepentiste de pasar tanto tiempo lejos de casa durante tu primer matrimonio. Pero, teniendo en cuenta todas las películas que hiciste y todo lo demás que hiciste, ¿lo habrías hecho de otra manera si hubieras tenido la oportunidad?

—No puedo decir que lo haría. No creo que se pueda compaginar la carrera profesional con la familia. Simplemente no se puede. Por eso siempre les digo a mis hijos y a cualquiera que quiera, "escuchenme: pongan en orden su carrera antes de pensar en casarse y tener hijos". Eso afectó mi primer matrimonio, porque estaba totalmente absorto en mi trabajo.

—¿Habrías podido escribir este libro si tu padre aún estuviera vivo?

—No.

—¿Por qué no?

—Porque me resultaba muy incómodo hablar de los primeros años y de su maltrato físico. Pertenecía a una generación en la que se pegaba; mi madre usaba el cepillo del pelo. Era duro. Esa fue también una de las razones por las que me llevó un tiempo acercarme a él a medida que nos hacíamos mayores y perdonarle.

—¿Cómo fue ese proceso? Hay mucho que perdonar.

—El tiempo lo cura todo, ya sabes. Con suerte. La vida sigue. Papá soltó esa frase genial justo después de que ganara (el Oscar) por Wall Street. Me dijo: "Sabes, habría sido más amable contigo si hubiera sabido el éxito que ibas a tener".

Fuente: AP

Fotos: Grand Central Publishing; Snap/ Shutterstock; Taylor Jewell/ Invision/ AP; Reuters/ Eric Gaillard.

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